Amarillo napolitano

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«Eusebio estaba asombrado. Al introducir su dedo, manchado de Amarillo Napolitano, en el lienzo, pasaba a formar parte del cuadro. Podía penetrar la pintura. Emocionado, trató de meter toda la mano pero el resto de dedos se le quedaron enganchados en la superficie de la obra. Trató de hacer lo mismo con el dedo de la otra mano pero no funcionaba. Solo era capaz de hundir el dedo manchado de pintura. Probó a derramar un pegote sobre la palma de su mano. La esparció bien por toda la palma y por parte del antebrazo y lo volvió a intentar. “¡Funciona!”, pensó Eusebio. Introdujo medio brazo en el cuadro al mismo tiempo que veía cómo sus dedos pasaban a convertirse en pintura al óleo»

Hace ya unos cuantos años le leí a Carlos Ruiz Zafón en un prólogo que él mismo le hacía a una de sus primeras novelas, que había visto fallos y aspectos mejorables en aquel texto que presentaba, pero que había decidido dejarlo así, para mantener la esencia con la que fue escrita el texto. A mi me pareció una excusa perezosa. Os invito a que os descarguéis «Amarillo napolitano», un cuentecillo largo que rebosa vitalidad e inocencia. Después de unos cuantos años, lo he releído y veo que hay fallos y aspectos mejorables pero me da cierto reparo hundir las zarpas y trastocar su encanto torpe y juvenil.

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Una respuesta a “Amarillo napolitano”

  1. Pedro Marañon dice:

    Enhorabuena Raul, me has hecho pasar un rato muy agradable con la lectura de “Amarillo napolitano”. Un abrazo.

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