Brevísima reflexión sobre los tulipanes

tulips thin

Hoy o ayer, poco importa, he visto en el supermercado unos tulipanes amarillos, espléndidos. Estaban expuestos en hileras junto a la entrada. Uno detrás de otro, perfectamente ordenados; todos igual de altos, con el mismo gesto torcido de sus tallos, cabeceando hacia un lado, como melancólicos. Me había olvidado completamente; se me había ido de la cabeza aquella idea con la que el año pasado fantaseaba. Querría haber vestido la casa con la elegante presencia del tulipán.

Viendo aquellos pequeños soles cabizbajos, plantados en esas macetas que decían: «You´re the best mum ever», me he acordado de hace un año –más o menos-, cuando me encontraba leyendo sobre sus bulbos; sobre cómo hacerlos germinar en agua; sobre cómo había que mantenerlos un tiempo en la nevera para engañarlos, para hacerles pensar que el invierno les castigaba; sobre cómo evitar que se pudrieran; sobre sus curiosas enfermedades; sobre lo fascinante de su historia. Con qué firmeza y determinación me había dicho a mí mismo que plantaría aquellos tulipanes. ¿Dónde están, hoy?

Saliendo del supermercado volví a fijarme en las hileras de capullos amarillos. No tenía respuesta a la pregunta. Ni siquiera sabía de dónde nacía el olvido ni en qué momento dejé de acordarme de la ilusión de ver la flor abrirse. Aquello se había colado por alguna grieta o sumidero que tiene la memoria. ¿Y a dónde van a dar esos conductos y túneles por los que se cuela la vida de a poco? Qué cosa más tonta: la imagen de unos tulipanes amarillos preparados para ser vendidos, despertando la ausencia de esos otros que nunca llegué a hacer florecer. Yo andaba ya por el aparcamiento, arrastrando el carrito con la compra, dándole vueltas a estas preguntas.

Aquellos tulipanes amarillos me habían dedicado una mirada sobria, con aquel gesto de tristeza de sus corolas. Con qué facilidad se va regalando la vida; es decir, con qué facilidad la existencia se va vaciando por estas pequeñas grietas y sumideros de la memoria. Y qué importantes son esos finos hilillos de vitalidad que se dejan correr hacia ninguna parte.



Una respuesta a “Brevísima reflexión sobre los tulipanes”

  1. Tu padre. dice:

    Muy reflexivo.Genial como siempre.

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