Notas a propósito del la presentación del primer número de TEMBLOR

El viernes pasado se presentó el primer número de la revista TEMBLOR. Como parte del acto se llevó a cabo una breve mesa redonda en la que participé junto con algunos de los colaboradores de la revista. Lorenzo Martín del Burgo tuvo a bien guiarnos y moderarnos con tiento. Entre otros, se abrieron estos cuatro melones. Aquí van algunas notas o apuntes que salieron a raíz de aquello. Téngase en cuenta que estos son, sencillamente, mis disparates.

Poesía. ¿Acción o reacción?

La poesía es, ante todo, una herramienta epistemológica, es decir, que nos ayuda a conocer la realidad. Y la realidad palpita, tiembla y está repleta de estímulos. En ese sentido la poesía es reactiva porque reacciona frente al mundo. Por ponernos un poco estupendos: la poesía reacciona frente al temblor de la realidad. Intenta explicarlo, hacerlo suyo.

Pero claro, esto es solo una visión particular y entiendo que haya poesía que nazca de otros lugares. Ya Unamuno decía en un poema: «Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan, hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan». Por lo tanto, cada mirada poética tendrá una actitud distinta frente al mundo y a la realidad. La mía, desde luego, es reactiva. Siempre entendiendo la reacción como una acción que se opone a otra: en este caso, el temblor de la realidad.

La importancia del Verbo

Creo que la palabra, al menos en la poesía, no debiera ser gratuita. Con esto quiero decir que el efectismo y el barroquismo en sí mismos son inútiles. Pueden ayudar a crear un artefacto estético, totalmente válido, pero eso no puede ser poesía. Las ambiciones de la palabra poética están más allá de lo estético. El ritmo, la musicalidad, la sonoridad y en definitiva, la técnica, tienen que estar al servicio de una poética; a una intención, a una voluntad. Luego, esto de intentar llegar a un sitio concreto a través de la poesía siempre sale mal. El poema se acaba imponiendo y le lleva a uno a a-saber-dónde.

Si la poesía no nace de un ejercicio consciente del uso del verbo y la técnica, si no tiene una intención clara –aunque se fracase- pues se acaban haciendo ejercicios surrealistas, que son válidos, claro, pero muy limitados.

¿Qué es una influencia?

Jiménez Lozano dice que hay lecturas y autores que dejan, una vez leídos, un aroma. Esto viene de aquella fragancia en el vaso que deja algo después de ser bebido. Esto es de un cuento de Azorín. El caso es que me parece acertado esto del aroma del vaso, porque los olores son infusos y equívocos. Y cuando uno escribe un poema van apareciendo estos aromas residuales pero es muy complicado decir, a no ser que se haga de manera consciente, pues esto que ha salido es de Rilke o aquello otro es de Juan Ramón.  Creo que una influencia es aquella cuyo aroma aparece en el poema o en el texto de manera inconsciente.

Poesía contemporánea

Aquí habría que hablar más bien del panorama de los poetas contemporáneos porque los poemas no tienen la culpa. Van por libre. Si el poema es malo, intrascendental, mal hecho, etc., acabará por perderse en el olvido. No tendrá nada que decirle a nadie. Nadie le encontrará valor. Aquí lo que entra en juego es el ego del poeta. Y es que me parece que hay como dos bandos. La llamada generación superventas y el resto de poetas que no venden tanto. ¿Mi posición? Pues es bastante clara: no creo que muchos de estos nuevos autores sean poetas. Y esta no es una posición elitista. Algunos de ellos hasta han renunciado al marchamo de poeta. Hacen otra cosa, en verso, a veces, y rimando, en ocasiones. No escriben desde una poética ni tienen voluntad poética. Buscan complacer su ego, desahogarse, contar las ganas que tienen de cortarse las venas o el polvo que echaron anoche. Y eso, por alguna razón, seguramente por su ambigüedad y simpleza, conecta con mucha gente del mismo modo que pudo hacerlo La la land. Y aunque la película tiene mucha mejor factura que un poema de Marwan, nadie se atreverá a llamar poesía aquello. Es otra cosa, ¿que puede conmover? Pues claro, pero no es poesía, desde luego.



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